domingo, 28 de agosto de 2011

El reflejo de una estrella 8 ; FIN


Cuando divisé la gran mansión, dejé atado a Dawn y me dirigí hacía allí. Cuando entre me quede alucinada, era una gran mansión muy bien decorada. Había muchísima gente. Muchas muchachas hermosas y hombres muy guapos también. Había gente bailando, pero hubo un momento en el que mire hacia arriba y vi un hombre con un antifaz, de pelo castaño y sus ojos aquellos ojos me sonaban, si, eran color plata. Esos ojos nada más que los logré ver una vez.
¿Sería el?
Deslicé mi abanico tapándome la boca, entonces el bajo y las mujeres le miraban y admiraban, yo me quedé mirándole mientras se acercaba a mí.
-.¿Señorita me concederíais este baile?
Asentí, hacia tanto tiempo, no sabia se era el, pero si no lo era se le parecía.
Comenzamos a bailar en medio de la pista. Y todo el mundo nos observaba.
-Milady, ¿La conozco?
Me encogí de hombros y sonreí.
-Mi nombre es Alexander Burwell, ¿ y el vuestro?, quiero pensar que os llamáis Diane Mackinnon. Sé que os llamáis así, aunque quiero hacerme el interesante.- Sonrió con aquella sonrisa que recordaba antaño. Entonces le devolví la sonrisa y coloque mi boca sobre la suya, ese beso tan esperado, y esos labios me reconocieron al instante, tan apasionados y dulces al mismo tiempo.
-Milord, espero que no se separe nunca más de mí. No lo soportaría.
-Milady eso no pasará nunca, porque desde este mismo instante quedáis comprometida conmigo. Y si algo nos separase, que sea la muerte.
No pude contener las lágrimas, aquella persona que tanto ansié y tanto esperé, con la que pase todas aquellas cosas que solo ocurren por primera vez y que ahora serán para siempre, esa era la persona que mas amaba en el mundo, con la que quería pasar toda mi vida.
-Te amo, Alexander.
-Yo también te amo, Diane.-Nos besamos y con ese beso finalizamos el baile y todo aquello que nos rodeaba desapareció, nada mas que existíamos nosotros, el y yo, juntos salimos hacia un gran balcón y mientras el me abrazaba por detrás yo obvservaba el cielo, en el que destacaba una estrella, pensé en mi madre y en lo que le hubiese gustado verme así. Ahora mientras miraba aquella estrella pensaba en el futuro que me deparaba al lado de aquella persona que tanto amaba. Con la que pasaría el resto de mi vida. Con la que pasaría el resto de la eternidad.

viernes, 26 de agosto de 2011

El reflejo de una estrella 7


Un años después...

15 de agosto de 1634.

Caren se acerco por mi espalda y me dijo.-Felicidades cariño, has cambiado mucho durante todo este año, estas hermosísima, y ya eres mayor de edad.
-Si, mayor de edad.-Dije mirando mi reflejo en el espejo; era cierto había cambiado mucho desde entonces. Un solo año, pero mis sentimientos no habían cambiado seguía pensando en una sola persona, Alexander Burwell, ¿Me habría olvidado el?
¿Seguiría pensando en mi?. Pero mi plan seguía en marcha, hoy por la noche teníamos mi celebración. Pero yo me marcharía a eso de las 12 de la noche. Aparte de cambios en mi vida también los había habido en la vida de Alexander, por los periódicos supe que se había convertido en un famoso conde y que tenia unas cuantas tierras de gran valor, muchas fiestas coincidían esa noche y en casa del Conde Burwell había una, ciertamente de disfraces, así que tenía pensado asistir. Que pasara lo que tuviese que pasar.
Dicho y hecho esa noche me vestí con mis mejores galas, el vestido era rojo y negro con escote, era precioso, ya que cumplía 18 años y me iba a reencontrar con mi gran amor, pensaba que merecía la pena el vestirme así. Me recogí el pelo en un moño dejando algunos mechones sueltos y dentro de un pequeño bolsito llevaba el antifaz.
Cuando bajé todo el mundo se quedó petrificado al verme.¿De verdad estaba tan hermosa?.
La velada fue muy acogedora pero dando las 12, me deslice hacia las cuadras para coger a Dawn. Me coloque la capa y el antifaz y me marché hacia los terrenos de Lord Burwell.

domingo, 21 de agosto de 2011

El reflejo de una estrella 6


Cuando llegué al castillo mi padre nos esperaba en la puerta y dijo.-Diane sube a tu habitación, tengo que hablar con Alexander.
-De acuerdo padre.-Hice como la que subía pero me quede a mitad de las escaleras y escuche toda la conversación.
-Alexander, os vi esta mañana debajo del árbol.
-Si, señor.
-Besándoos.
-Si, señor.
-¿Reconoces que has obrado mal?.-Dijo mi padre severamente.
-Señor he obrado mal, porque he traicionado su confianza al enamorarme de su hija, pero no he obrado mal porque no me arrepiento de nada.
-¿Cómo te atreves?.- Mi padre por minutos en esa conversación se estaba enfadando.
-Señor, se que...
-¡Nada!, ¡no sabes nada!, quiero que te marches, le conseguiré un nuevo guardaespaldas a Diane. No pude contenerme y salí escaleras abajo y me abraze a el.
Mi padre se sorprendió no sabía ni que decir.
-Alexander...
-Lo siento Diane.-Dijo besándome en el pelo.
-Alexander márchate, ya.-Dijo mi padre, se que le dolía verme así.-Diane vete a tu habitación y...
-¡No padre! le quiero no puedes separarme de él.-Mi padre que nunca me había escuchado responderle se quedo petrificado.
-Diane, vete a tus aposentos ahora.-Dijo gritándome.-Y tu vete de mi castillo ¡ya!
Alexander me miro y me dijo.-No te preocupes, el tiempo pasa rápido, amor, pronto volveremos a estar juntos.
Esas palabras resonaron en mi corazón, estaba segura, pronto nos volveríamos a encontrar, si el no me buscaba, yo le buscaría.
Esa noche lloré y lloré hasta quedarme vacía.
Pero lo juré cuando tuviese la mayoría de edad estaría con el, para siempre. Un año, solo un año. Me quede pensando en eso hasta que me quede dormida.

domingo, 14 de agosto de 2011

El reflejo de una estrella 5


-Siento haberos dicho eso milady, procurare controlarme.
-Alexander yo...
-Diane, yo no voy ah obligarte a nada, solo quería que supieras que me gustas mucho. No quiero ponerte en un compromiso, puesto que yo...-no le deje terminar me lancé sobre el y le besé con todas mis ganas. A él al principio le cogió por sorpresa, pero después me cogió por la cintura y me acercó mas hacia él, cerrando sus ojos y besándome con lujuria y pasión...nunca había sentido eso por nadie, jamás me habría lanzado así a una persona que conocía de hacia días, pero pensar en el me producía tal cosquilleo o mariposas en la barriga.
Cuando me cesamos el beso, el sonreía y yo también solo que estaba abochornada y avergonzada.-Siento haberme lanzado así Alexander… yo...es que...
Me cogió la cara entre sus manos y volvió a besarme, sus labios, sabían tan bien, mi primer beso, no se si era por eso que me sentía como en una nube o si era el efecto que me producía, pero así me sentía.
-No me arrepiento de nada Diane que quede claro.
-Ni yo...
-Me encanta cuando te sonrojas.-Dijo con aire enternecedor.
Cuando llegamos al castillo hizo un gesto que no me esperaba con un brazo tenia sujeto todas mis compras con el otro me agarro la mano. Dios, podía ser posible todo esto que me estaba pasando. ¿Me estaría enamorando de él?. La pregunta era fácil de responder; Si.
Entramos en el comedor principal y entonces me dijo.-Espero que os lo hayáis pasado bien princesa. Me gustaría mañana llevaros a cabalgar si ponéis inconveniente.
-No claro que no.¿A que hora estaríais dispuesto a madrugar?.-Pregunté desafiante pero divertida.
Él noto mi diversión y dijo.- ¿A las 9 os parecería una hora decente Milady?
-Claro.-Sonreí y subí las escaleras. Una vez estaba en mi habitación suspire, ¿era todo aquello real?, porque si no lo era no me gustaría despertar nunca de aquel sueño. No dormí en toda la noche pensando en el.
Al día siguiente estaba puntual en las caballerizas. Cuando el hizo su aparición con su traje de montar. Estaba reluciente como siempre.-Buenos días princesa.
-Buenos días.
El sonrió ante mi "Buenos días".-Me gustaría enseñaros a montar.
-Alexander perdona que te diga, pero ya se montar.
-Claro, sabéis montar a la mayoría de los caballos, pero yo quiero que aprendáis a montar a Dawn.
-¿Dawn?.- Dije sorprendía y a la vez asustada.
-Si, Dawn, no es tan malo como pensáis solo hay que saber como tratarle. Lo primero de todo es acercarse y acariciarle para que te conozca. Después ya se verá.
-Está bien.
Nos acercamos a la caballeriza de Dawn y ahí estaba todo negro, era un caballo tremendamente hermoso, la verdad es que se parecía en cierto punto a Alexander. Porque a el se le veía libre, apasionado igual que a Dawn.
Después de un largo rato...
-Venga princesa, no va a pasar nada, montaos...
Me monté sobre el caballo y este comenzó a relinchar, pero Alexander se acerco y le susurro palabras las cuales no escuche mientras le acariciaba el hocico.
-Vale, venga Dawn.-Comencé a trotar un poco, la verdad es que no era un caballo tan malo como decían. Así que le di con las espuelas para que fuese mas rápido entonces se asusto salió corriendo y me caí de el. Alexander fue corriendo hacia mi asustado. -¡Diane!,¡Diane!¿Estas bien?
-Si, si eso creo...-Hice el intento de incorporarme pero me dolió mucho el tobillo. -¡Auch!
-¿Te has echo daño en el tobillo?.- Pregunto preocupado.
-No es nada.-Dije quitándole importancia, entonces me dirigió una mirada severa, y en menos de un segundo me cogió en brazos me llevo bajo un árbol y se sentó junto a mi. Me levanto el pantalón y me examino.
-Creo que te has echo daño, pero no creo que te hayas roto el tobillo.-Cuando me miro, le devolví la mirada intensamente entonces se acerco a mi coloco las manos a cada lado de mi cara contra el tronco y me beso dulcemente.
-Diane, se que estoy cometiendo un error al sentir esto que siento por ti, tu padre nunca lo permitiría.
-Me da igual mi padre.
-No Diane, no debe de darte igual.-Dijo severamente.
Después nos quedamos un largo rato juntos debajo del árbol sin hablar solo escuchando mutuamente el latido de nuestros corazones, bueno el suyo tranquilo y el mió acompasado.

sábado, 6 de agosto de 2011

El reflejo de una estrella 4

Mi padre me miraba con furia y enfado.-Diane, vete a vestir inmediatamente.
-Si, padre.-Subí las escaleras poco a poco,¿Qué hacia el allí?
Cuando baje mi padre se predispuso a las presentaciones y dijo.-Diane, como veo que no puedes quedarte aquí encerrada, te conseguí un guardaespaldas, más bien alguien de mi confianza que te pueda vigilar, para que no te escapes.- Me dirigió una mirada fiera.
-Te lo agradezco mucho padre.
-Bueno, como veo que estas arrepentida te dejare que salgas hoy mismo.-Dicho esto se despidió de mi y de el y nos dejó a solas.
El mantenía su sonrisa, mirándome, y cuanto más me miraba más sonreía.
-¿Podéis contarme el chiste milord?, supongo que así nos reiríamos todos.-Dije enfurecida.
-¿Chiste?, no os equivoquéis princesa, no me estoy riendo de vos ni mucho menos. Solo deciros que vuestro atuendo de esta mañana me gustó mucho.
Me sonroje, no pude evitarlo y baje la mirada.-Gracias...
-Bueno, princesa, ¿a donde queréis ir esta mañana?
-Me gustaría ir a la plaza del pueblo.-Tal vez esto no estaría tan mal después de todo...
-Bien, llamare al cochero.
Si, si iba mal.-¿Perdón? no, yo quiero ir a caballo.
-Si vais a caballo tendríais que ir conmigo en uno.-Dijo sonriendo con malicia.
-¿Cómo decís?.- Me sonroje.
-Que tendríais que viajar conmigo.
-No, eso de ninguna manera, me niego rotundamente.
-Podéis negaros todo lo que queráis, o coche o caballo.
Tendría cara, el muy sinvergüenza.
-Esta bien, pero...
-Nada de peros, cogeré el caballo, esperadme en la entrada.-Dicho esto se marcho.
Yo me dirigí hacia la puerta principal, era increíble que en menos de 24 horas ese hombre se hubiese metido tanto en mi vida. Pero aunque quisiera negarlo, me encantaba. Mientras estaba sumergida en mis pensamientos, el apareció con Dawn, un caballo negro, del cual los chicos de la caballeriza no podían domar, pero el lo traía muy tranquilo, aunque a mi me daba miedo.
-Ese caballo... ¿no crees que es muy peligroso?
-Parece peligroso, y que los chicos no le puedan domar no significa que yo sea igual.-Dijo seriamente.
-No estoy muy segura Alexander, enserio, ¿Por qué no cogemos otro caballo mas sosegado?
-Princesa, montaras en este caballo, si no, no iremos a la plaza del pueblo.
Le mire enfurecida y me dirigí hacia Dawn, el lo sujeto con fuerza y yo me monte, justo después el lo hizo detrás mía, por lo que tenia su cuerpo pegado al mío. Me sonrojé muchísimo y baje la mirada.
-Diane, tranquila no va a pasar nada, Dawn es un buen caballo.
-Seguro...
Cuando llegamos a la plaza del pueblo, comencé a ir de tienda en tienda, comprando y comprando, no me di cuenta y Alexander sostenía muchísimas bolsas y vestidos. Y por supuesto me miraba sofocado.
-Milady,¿ no crees que ya has comprado suficiente por hoy?
-Si, creo que si.-Dije con satisfacción.
-Bueno, creo que debería llamar a un cochero porque todos estos vestidos en el caballo se estropearían.
-Esta bien, llamadle.-No me importaba mucho la verdad, había pasado una muy buena tarde.
Mientras que esperábamos al cochero, resurgió en mí aquellos últimos pensamientos que tuve.
-Tranquila, princesa no tardara mucho en llegar.
-¿Podéis dejar de llamarme "princesa"?.
-¿Acaso no lo sois?. -Dijo sonriendo con malicia y picardía.
-Si, lo soy pero vos hacéis una entonación que parece diferente.-Me estaba enfadando muchísimo.-además ¿porqué no me dijisteis que ibais a ir al día siguiente a palacio o que ibais a ser mi guardaespaldas?
-¿Os he dicho que cuando os enfadáis os ponéis muy guapa?
-¿Qué?.-Pregunté incrédula y con los colores apunto de salirse por mis mejillas. En menos de un segundo el estaba rozando la yema de sus dedos junto a mi cara, y su mano libre se desplazo por mi espalda hasta llegar a mi cintura.
-No se que tenéis Lady Mackinnon, pero me gustáis mucho, desde el primer momento.-Lo dijo mirándome a los ojos con tal sinceridad, no sabia que decir me quede sin habla, entonces fue cuando llego el cochero y sin decir palabra alguna nos montamos.

martes, 2 de agosto de 2011

El reflejo de una estrella 3

-Podéis explicarme, ¿qué es lo que os hace tanta gracia?
-Nada princesa, como ya dije antes, todo a su debido tiempo, ahora debo dejaros, ¿sabréis llegar hasta la entrada de palacio?
¿o también os perderéis?
-Se perfectamente como llegar. Gracias.-Cuando dije eso me volví sobre mis talones y sin un simple adiós me marche. Una vez entre en palacio, intente por todos los medios no tropezar con mi padre, pero fue inútil.
-¡DIANE!
Me quede de espaldas y por mi mente paso el correr, pero no serviría de nada:-¿si, padre?
-Lo primero de todo, al hablarme mírame a la cara.
Me gire y le mire directamente a los ojos.
-Lo segundo, espero que te lo hayas pasado muy bien este día, porque,¡sera la ultima vez que me desobedezcas!
-Padre, no quise desobedeceros, lo siento mucho.
-Ya veo, lo que lo sientes.-Dijo con aire hostil.-Ahora vete a tus aposentos,¡YA!
Ni respondí, salí corriendo escaleras arriba, entré en mi cuarto y cerré la puerta de un golpe. Me quede pegada a la puerta, respirando entrecortadamente, debía de estar mal por todo lo que hice, debía estar mal por lo que me había dicho padre, pero solo podía pensar en el. Alexander Burwell. Su nombre resonaba en mi cabeza una y otra vez.
Me quite los zapatos y entre en el balcón, otra vez una noche veraniega, el cielo oscuro y una brisa que llevaba el olor del bosque junto con el del Lago.
¿Como supo quien era?¿Con solo mirarme?. No, no era posible. Algo más debía de haber.
Al día siguiente me levante y me dirigí hacia el comedor principal, no me preocupaba mucho mis fachas, puesto que si me veía alguien seria de palacio. Cuando entre en el comedor y le vi allí plantado junto a mi padre... No, no podía ser.
Abrí los ojos como platos y me sonroje muchísimo. El lo único que hacia era sonreír mirándome de arriba a abajo.
-Buenos días princesa.-Dijo con voz seductora.

lunes, 1 de agosto de 2011

El reflejo de una estrella 2

Al las semanas...
-¡Milady!- Dijo Caren enfurecida.
-Lo siento Caren, pero no puedo estar encerrada ni un solo día mas, siento desobedecer a mi padre, pero no puedo; acarreare con las consecuencias si es necesario...
-¡Pero Milady....- No le dio tiempo a terminar cuando salí corriendo por las escaleras, cogería el primer caballo y me iría, no podría soportar estar ni un solo día mas allí no podía, seguí corriendo, cuando llegue a la puerta principal y salí, me dirigí a las cuadras, pero me pare en seco, allí estaba mi padre, en menos de un segundo el levanto la mirada y me vio, volví a correr. De alguna manera tendría que escapar.
Cuando por fin conseguí salir me adentre en una parte del bosque que no conocía, escuchaba desde hacia rato unos ruidos muy raros, pero no les di importancia, cuando volví a mirar al frente me asuste y me caí al suelo. No esperaba que me chocase con nadie.
-¡Auch!-Me queje.
-No deberíais adentraros en estos terrenos, son muy peligrosos, por aquí andan lobos.-Dijo una voz masculina y muy varonil.
Cuando levante la vista, lo único que vi fue un hombre, altísimo, musculoso, tenia unas tenaces facciones en la cara, su pelo castaño y desaliñado, y sus ojos,¡sus ojos!, tenia los ojos color plata, nunca había visto un hombre de tal manera.
-Yo...
-Tu eres Lady Mackinnon,¿no?
-¿Cómo... lo sabes?- pregunte extrañada.
-No es difícil de adivinar, Diane.
Me quede anonadada, ¿Quien era aquel hombre, como me conocía?
-¿Y quien sois vos?-Dije con educación y valentia.
-Todo a su debido tiempo, princesa.-En ese momento sonrió, aquella sonrisa me fascinó.
No sabia que decir lo único que podía hacer era mirar aquel rostro tan hermoso, había visto muchos hombres jóvenes en las cuadras o cualquier lugar del castillo, pero ninguno como este.
El me devolvió la mirada un poco extrañado y añadió.-Princesa mas vale que te lleve al lago Skye, porque supongo que no tienes ni idea de como llegar hasta allí, ¿me equivoco?
Solo pude bajar la cabeza avergonzada y asentir.
-Me lo imaginaba.-En ese momento comenzó a andar y dijo.- Sígueme.
Corrí hasta una cierta distancia cerca de él. Lo miraba por detrás y volvía a quedarme embobada,¿ que tenia aquel hombre en especial que hacia que me quedase así?.
Cuando llegamos al Lago Skye se ofreció a llevarme al castillo. Una vez allí en la puerta trasera, cerca de las caballerizas dije por fin.-Gracias, pero, me gustaría saber aunque sea tu nombre.
-Alexander Burwell, para serviros princesa.- Dijo sonriendo pero fanfarrón.

El reflejo de una estrella 1

1633, Inglaterra.

Como todos los días caminaba por el bosque, observando todo aquello que me rodeaba. Llegue al lago de Skye aquel lago tan hermoso que me producía tal calma. Me senté tras un árbol leyendo, esperando a que fuese la hora de marcharme al castillo.
Después de unas horas...
-¡Me he quedado dormida!, esta oscureciendo, padre me va a matar.- Salí corriendo hacia el castillo, tropecé, me ensucié, pero cuando llegue ya era demasiado tarde y mi padre no estaba muy contento.
-Te advertí mil veces que no salieses del castillo, tienes muchas cosas que hacer aquí, las cuentas , la organización de los bailes y demás... porque no puedes ser una hija como es debido...
-Pero, padre... yo... lo siento.
-No me valen tus excusas.-Dijo con aire severo y muy enfurecido.-Te quedaras aquí encerrada una semana como castigo, no podrás salir de los limites del castillo.
-¡Padre!
-Es suficiente, ahora retírate a dormir.
-Si...
No podía ser cierto, odie en ese momento todo, a mis 17 años de edad mi padre no me valoraba, según el con esa edad debía de estar casada, con hijos y con un yerno que le sustituyese en el trono. Eso era lo malo de haber nacido hembra.
Me dirigí a mis aposentos, me cambié y me asome por el balcón.
Desde allí se veía el lago Skye y la brisa nocturna, como deseaba estar alli. Mire hacia el cielo y vi pasar una estrella fugaz, como deseaba que mi madre viviese, ella si me comprendería, si sabría como me siento. De mis ojos cayeron unas lágrimas.
-Madre... te extraño.