martes, 2 de agosto de 2011

El reflejo de una estrella 3

-Podéis explicarme, ¿qué es lo que os hace tanta gracia?
-Nada princesa, como ya dije antes, todo a su debido tiempo, ahora debo dejaros, ¿sabréis llegar hasta la entrada de palacio?
¿o también os perderéis?
-Se perfectamente como llegar. Gracias.-Cuando dije eso me volví sobre mis talones y sin un simple adiós me marche. Una vez entre en palacio, intente por todos los medios no tropezar con mi padre, pero fue inútil.
-¡DIANE!
Me quede de espaldas y por mi mente paso el correr, pero no serviría de nada:-¿si, padre?
-Lo primero de todo, al hablarme mírame a la cara.
Me gire y le mire directamente a los ojos.
-Lo segundo, espero que te lo hayas pasado muy bien este día, porque,¡sera la ultima vez que me desobedezcas!
-Padre, no quise desobedeceros, lo siento mucho.
-Ya veo, lo que lo sientes.-Dijo con aire hostil.-Ahora vete a tus aposentos,¡YA!
Ni respondí, salí corriendo escaleras arriba, entré en mi cuarto y cerré la puerta de un golpe. Me quede pegada a la puerta, respirando entrecortadamente, debía de estar mal por todo lo que hice, debía estar mal por lo que me había dicho padre, pero solo podía pensar en el. Alexander Burwell. Su nombre resonaba en mi cabeza una y otra vez.
Me quite los zapatos y entre en el balcón, otra vez una noche veraniega, el cielo oscuro y una brisa que llevaba el olor del bosque junto con el del Lago.
¿Como supo quien era?¿Con solo mirarme?. No, no era posible. Algo más debía de haber.
Al día siguiente me levante y me dirigí hacia el comedor principal, no me preocupaba mucho mis fachas, puesto que si me veía alguien seria de palacio. Cuando entre en el comedor y le vi allí plantado junto a mi padre... No, no podía ser.
Abrí los ojos como platos y me sonroje muchísimo. El lo único que hacia era sonreír mirándome de arriba a abajo.
-Buenos días princesa.-Dijo con voz seductora.

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