sábado, 6 de agosto de 2011

El reflejo de una estrella 4

Mi padre me miraba con furia y enfado.-Diane, vete a vestir inmediatamente.
-Si, padre.-Subí las escaleras poco a poco,¿Qué hacia el allí?
Cuando baje mi padre se predispuso a las presentaciones y dijo.-Diane, como veo que no puedes quedarte aquí encerrada, te conseguí un guardaespaldas, más bien alguien de mi confianza que te pueda vigilar, para que no te escapes.- Me dirigió una mirada fiera.
-Te lo agradezco mucho padre.
-Bueno, como veo que estas arrepentida te dejare que salgas hoy mismo.-Dicho esto se despidió de mi y de el y nos dejó a solas.
El mantenía su sonrisa, mirándome, y cuanto más me miraba más sonreía.
-¿Podéis contarme el chiste milord?, supongo que así nos reiríamos todos.-Dije enfurecida.
-¿Chiste?, no os equivoquéis princesa, no me estoy riendo de vos ni mucho menos. Solo deciros que vuestro atuendo de esta mañana me gustó mucho.
Me sonroje, no pude evitarlo y baje la mirada.-Gracias...
-Bueno, princesa, ¿a donde queréis ir esta mañana?
-Me gustaría ir a la plaza del pueblo.-Tal vez esto no estaría tan mal después de todo...
-Bien, llamare al cochero.
Si, si iba mal.-¿Perdón? no, yo quiero ir a caballo.
-Si vais a caballo tendríais que ir conmigo en uno.-Dijo sonriendo con malicia.
-¿Cómo decís?.- Me sonroje.
-Que tendríais que viajar conmigo.
-No, eso de ninguna manera, me niego rotundamente.
-Podéis negaros todo lo que queráis, o coche o caballo.
Tendría cara, el muy sinvergüenza.
-Esta bien, pero...
-Nada de peros, cogeré el caballo, esperadme en la entrada.-Dicho esto se marcho.
Yo me dirigí hacia la puerta principal, era increíble que en menos de 24 horas ese hombre se hubiese metido tanto en mi vida. Pero aunque quisiera negarlo, me encantaba. Mientras estaba sumergida en mis pensamientos, el apareció con Dawn, un caballo negro, del cual los chicos de la caballeriza no podían domar, pero el lo traía muy tranquilo, aunque a mi me daba miedo.
-Ese caballo... ¿no crees que es muy peligroso?
-Parece peligroso, y que los chicos no le puedan domar no significa que yo sea igual.-Dijo seriamente.
-No estoy muy segura Alexander, enserio, ¿Por qué no cogemos otro caballo mas sosegado?
-Princesa, montaras en este caballo, si no, no iremos a la plaza del pueblo.
Le mire enfurecida y me dirigí hacia Dawn, el lo sujeto con fuerza y yo me monte, justo después el lo hizo detrás mía, por lo que tenia su cuerpo pegado al mío. Me sonrojé muchísimo y baje la mirada.
-Diane, tranquila no va a pasar nada, Dawn es un buen caballo.
-Seguro...
Cuando llegamos a la plaza del pueblo, comencé a ir de tienda en tienda, comprando y comprando, no me di cuenta y Alexander sostenía muchísimas bolsas y vestidos. Y por supuesto me miraba sofocado.
-Milady,¿ no crees que ya has comprado suficiente por hoy?
-Si, creo que si.-Dije con satisfacción.
-Bueno, creo que debería llamar a un cochero porque todos estos vestidos en el caballo se estropearían.
-Esta bien, llamadle.-No me importaba mucho la verdad, había pasado una muy buena tarde.
Mientras que esperábamos al cochero, resurgió en mí aquellos últimos pensamientos que tuve.
-Tranquila, princesa no tardara mucho en llegar.
-¿Podéis dejar de llamarme "princesa"?.
-¿Acaso no lo sois?. -Dijo sonriendo con malicia y picardía.
-Si, lo soy pero vos hacéis una entonación que parece diferente.-Me estaba enfadando muchísimo.-además ¿porqué no me dijisteis que ibais a ir al día siguiente a palacio o que ibais a ser mi guardaespaldas?
-¿Os he dicho que cuando os enfadáis os ponéis muy guapa?
-¿Qué?.-Pregunté incrédula y con los colores apunto de salirse por mis mejillas. En menos de un segundo el estaba rozando la yema de sus dedos junto a mi cara, y su mano libre se desplazo por mi espalda hasta llegar a mi cintura.
-No se que tenéis Lady Mackinnon, pero me gustáis mucho, desde el primer momento.-Lo dijo mirándome a los ojos con tal sinceridad, no sabia que decir me quede sin habla, entonces fue cuando llego el cochero y sin decir palabra alguna nos montamos.

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