domingo, 14 de agosto de 2011

El reflejo de una estrella 5


-Siento haberos dicho eso milady, procurare controlarme.
-Alexander yo...
-Diane, yo no voy ah obligarte a nada, solo quería que supieras que me gustas mucho. No quiero ponerte en un compromiso, puesto que yo...-no le deje terminar me lancé sobre el y le besé con todas mis ganas. A él al principio le cogió por sorpresa, pero después me cogió por la cintura y me acercó mas hacia él, cerrando sus ojos y besándome con lujuria y pasión...nunca había sentido eso por nadie, jamás me habría lanzado así a una persona que conocía de hacia días, pero pensar en el me producía tal cosquilleo o mariposas en la barriga.
Cuando me cesamos el beso, el sonreía y yo también solo que estaba abochornada y avergonzada.-Siento haberme lanzado así Alexander… yo...es que...
Me cogió la cara entre sus manos y volvió a besarme, sus labios, sabían tan bien, mi primer beso, no se si era por eso que me sentía como en una nube o si era el efecto que me producía, pero así me sentía.
-No me arrepiento de nada Diane que quede claro.
-Ni yo...
-Me encanta cuando te sonrojas.-Dijo con aire enternecedor.
Cuando llegamos al castillo hizo un gesto que no me esperaba con un brazo tenia sujeto todas mis compras con el otro me agarro la mano. Dios, podía ser posible todo esto que me estaba pasando. ¿Me estaría enamorando de él?. La pregunta era fácil de responder; Si.
Entramos en el comedor principal y entonces me dijo.-Espero que os lo hayáis pasado bien princesa. Me gustaría mañana llevaros a cabalgar si ponéis inconveniente.
-No claro que no.¿A que hora estaríais dispuesto a madrugar?.-Pregunté desafiante pero divertida.
Él noto mi diversión y dijo.- ¿A las 9 os parecería una hora decente Milady?
-Claro.-Sonreí y subí las escaleras. Una vez estaba en mi habitación suspire, ¿era todo aquello real?, porque si no lo era no me gustaría despertar nunca de aquel sueño. No dormí en toda la noche pensando en el.
Al día siguiente estaba puntual en las caballerizas. Cuando el hizo su aparición con su traje de montar. Estaba reluciente como siempre.-Buenos días princesa.
-Buenos días.
El sonrió ante mi "Buenos días".-Me gustaría enseñaros a montar.
-Alexander perdona que te diga, pero ya se montar.
-Claro, sabéis montar a la mayoría de los caballos, pero yo quiero que aprendáis a montar a Dawn.
-¿Dawn?.- Dije sorprendía y a la vez asustada.
-Si, Dawn, no es tan malo como pensáis solo hay que saber como tratarle. Lo primero de todo es acercarse y acariciarle para que te conozca. Después ya se verá.
-Está bien.
Nos acercamos a la caballeriza de Dawn y ahí estaba todo negro, era un caballo tremendamente hermoso, la verdad es que se parecía en cierto punto a Alexander. Porque a el se le veía libre, apasionado igual que a Dawn.
Después de un largo rato...
-Venga princesa, no va a pasar nada, montaos...
Me monté sobre el caballo y este comenzó a relinchar, pero Alexander se acerco y le susurro palabras las cuales no escuche mientras le acariciaba el hocico.
-Vale, venga Dawn.-Comencé a trotar un poco, la verdad es que no era un caballo tan malo como decían. Así que le di con las espuelas para que fuese mas rápido entonces se asusto salió corriendo y me caí de el. Alexander fue corriendo hacia mi asustado. -¡Diane!,¡Diane!¿Estas bien?
-Si, si eso creo...-Hice el intento de incorporarme pero me dolió mucho el tobillo. -¡Auch!
-¿Te has echo daño en el tobillo?.- Pregunto preocupado.
-No es nada.-Dije quitándole importancia, entonces me dirigió una mirada severa, y en menos de un segundo me cogió en brazos me llevo bajo un árbol y se sentó junto a mi. Me levanto el pantalón y me examino.
-Creo que te has echo daño, pero no creo que te hayas roto el tobillo.-Cuando me miro, le devolví la mirada intensamente entonces se acerco a mi coloco las manos a cada lado de mi cara contra el tronco y me beso dulcemente.
-Diane, se que estoy cometiendo un error al sentir esto que siento por ti, tu padre nunca lo permitiría.
-Me da igual mi padre.
-No Diane, no debe de darte igual.-Dijo severamente.
Después nos quedamos un largo rato juntos debajo del árbol sin hablar solo escuchando mutuamente el latido de nuestros corazones, bueno el suyo tranquilo y el mió acompasado.

1 comentario:

  1. ¡Qué romántico! Me gusta mucho. Sigue desarrollando así la historia que está genial
    ¡Un beso! ;D

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